Artículos Académicos
Los científicos nos enfrentamos a problemas que intentamos resolver utilizando las herramientas de que disponemos. Aunque las soluciones más sencillas suelen ser las mejores, es normal enredarse en buscar las más complicadas. Por el contrario, la naturaleza es una fuente extraordinaria de soluciones sencillas a problemas muy complicados. Les voy a poner un ejemplo que ocurre en nuestros propios ojos. Las lentes desvían la luz de cada color de manera diferente. Esto significa que las imágenes de objetos blancos, que contienen todos los colores, no se enfocan de manera nítida, sino que forman unos halos coloreados en los bordes. Los científicos solucionaron hace siglos este problema construyendo lentes compuestas por dos vidrios diferentes que enfocan todos los colores juntos sin producir los efectos de los halos de colores. El ojo tiene dos lentes, la cornea y el cristalino, que forman las imágenes del mundo en nuestra retina iniciando el proceso de la visión. Como ambas son lentes simples y de materiales similares, cuando el color rojo está bien enfocado en la retina, el azul está emborronado por casi 2 dioptrías de desenfoque. Esta es una cantidad nada desdeñable, como bien se harán idea los lectores que lleven gafas de esa magnitud. Sin embargo, y a pesar de esto, percibimos los colores sin halos, así que la naturaleza ha encontrado una solución a ese problema diferente a un cristalino como lente compuesta. De esa forma se hubiera solucionado el problema de los halos, pero al tener un cristalino más grueso, su deformación para enfocar objetos a distintas distancias hubiera sido más difícil, así que quizás todos seríamos présbitas aún de jóvenes. La solución en el ojo es más simple, y a la vez más sofisticada, se filtra parte de la luz azul que es la que llega más desenfocada a la retina. Para ello el propio cristalino está ligeramente tintado de amarillo y existe un pigmento absorbente en la retina. Además, mientras que la luz amarilla-verde es muy eficiente para la visión, las luces más extremas en el espectro visible, azul y rojo, lo son mucho menos. De esta manera, lo colores que las lentes simples del ojo emborronan más son justamente los que menos contribuyen a nuestra visión. En lugar de soluciones drásticas, complicadas y costosas, se introducen mecanismos de compensación que reducen los efectos negativos con el menor coste y sin crear otros problemas. Sin duda, la naturaleza, y en este caso nosotros mismos, podemos ser una fuente de inspiración.