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null Invertir en taxonomía

La taxonomía es, en su sentido más amplio, la ciencia de la clasificación. Los seres vivos se clasifican en grupos que se estructuran en una serie jerárquica de inclusión, atendiendo a sus semejanzas morfológicas, filogenia y proximidad genética. Todo empieza con el reconocimiento y descripción de las especies, tareas encomendadas a los taxónomos especialistas en los diversos grupos de seres vivos. Para alcanzar los niveles de conocimiento necesarios para poder distinguir las distintas especies y estirpes de plantas y animales se necesita una experiencia amasada durante muchos años de trabajo. Se ha calculado que un especialista en plantas necesitaría unos 30-35 años para conocer con cierta profundidad la flora de un territorio del tamaño de la península Ibérica. Esto hace inasumible, en el contexto actual de “ciencia a toda prisa”, que proliferen científicos con tal cantidad de conocimientos.

La taxonomía clásica, a menudo considerada una ciencia arcaica y añeja que se remonta a los intrépidos naturalistas del siglo XIX, estuvo sucumbiendo hasta casi las últimas décadas del pasado siglo, siendo considerada, por parte de algunos “avanzados” científicos, como algo vetusto e impropio de una biología que se desarrollaba en el entorno de un mundo molecular. Hasta que súbitamente la revolución “molecular” llegó a los laboratorios de taxonomía y esto lo cambió todo.

La genética molecular revolucionó nuestra capacidad para clasificar y conocer las especies y, en consecuencia, las ciencias taxonómicas clásicas se vieron empujadas por métodos de indiscutible profundidad científica y casi nula subjetividad, de forma que se produjo una simbiosis entre los métodos clásicos de la taxonomía, totalmente imprescindibles por los conocimientos acumulados, y los métodos basados en el estudio de las secuencias de ADN. La experiencia nos ha demostrado que no es posible una sin la otra, la interpretación de resultados taxonómicos con base en ADN requiere, de manera indispensable, de mentes capacitadas y experimentadas en el reconocimiento de los organismos.

Gracias a las secuencias génicas, ahora logramos identificar los elementos fundamentales que caracterizan a las especies, de manera que los humanos podemos comprender y utilizar estos conocimientos para múltiples objetivos. Se trata de una de las tareas más relevantes de la taxonomía. Si queremos salvar lo mucho que queda de la enorme diversidad de vida en la Tierra, tendremos que invertir en esta ciencia, pues la forma en que podamos distinguir entre especies determinará el futuro de las políticas de conservación y usos de la biodiversidad.