Pensándolo bien...

null GUÍA MUSICAL DEL UNIVERSO

A casi todos nos ocurre que lugares, circunstancias o momentos, nos evocan emociones. Viene ocurriendo desde hace mucho tiempo. Conard, de la Universidad de Tuebingen, dató un instrumento en torno a hace unos 40.000-45.000 años. Se supone que se dedicaron a rituales religiosos o recreativos. Otros investigadores refieren que los neardentales, extintos en torno a hace 30.000 años, conocieron la música. Ciertamente, una cuerda tensada produce vibraciones que corresponden a alguna nota musical. En todo caso, una cosa son notas y otra bien distinta es la música.

Los instrumentos más antiguos son tres flautas encontradas en una caverna en el sudeste de Alemania. Tienen una longitud de unos 20 centímetros y están confeccionadas con hueso de ala de buitre y disponen de cinco orificios y dos agujeros en forma de V, situados al final del instrumento, donde se supone que soplaban los ejecutantes. También, se han encontrado fragmentos de otras flautas fabricadas con marfil, seguramente de cuernos de mamuts.

Todo parece indicar que la música formaba parte de aspectos de la vida diaria. Todo sugiere la vivencia con elementos creativos, es decir que a los artefactos simbólicos, figurativos y descripciones de figuras mitológicas y aspectos ornamentales, hay que agregar tradiciones musicales. Todo configura una sofisticación de la gente que vivía en esos tiempos. Cabe conjeturar la existencia de redes sociales, incluyendo expansiones territoriales y demográficas que pudieron impulsar un grupo humano moderno sobre uno más conservador y más aislado, como pudieron ser los neardentales. Hay distintos investigadores que así lo mantienen. Seguramente irán apareciendo más evidencias que respalden la evolución de los modernos humanos, incluso desde África, acaecida hace más de 50.000 años. La música está, así, enraizada en la colectividad humana casi desde el principio.

El estudio de la Naturaleza tiene en Pitágoras una referencia histórica a la aportación de la música al escenario del cosmos dado que dos cuerdas de igual características pulsadas simultáneamente generan notas musicales armónicas y, por tanto, suenan agradables, siempre y cuando las longitudes sean cociente de números enteros. Es más, si el cociente de sus longitudes está en la razón 2:1 se les otorga el mismo nombre y se dice que satisfacen una octava e implica que una oscila el doble que la otra. Otras proporciones como 3:2 o 4:3 también resultan armónicas, La habilidad de Pitágoras para trasladar esta armonía a la Naturaleza y al Universo fue la propuesta de que la relación entre órbitas de planetas u otras cosas naturales se movían de acuerdo con la armonía de las esferas que, de esta forma, se convertía en un principio de funcionamiento del Universo. Astronomía y música resultaban matematizadas y se establecía una relación íntima entre arte y ciencia. Armonía y números eran protagonistas de la mística del cosmos.

El cosmos era más complejo que lo que las primeras conjeturas plasmaban. Veintitrés siglos posteriormente, Kepler examinó la propuesta de Pitágoras y no la encontró razonable, aunque partiendo de las observaciones astronómicas de Tycho Brahe, formuló las leyes del movimiento planetario, referencias inexcusables para que Newton estableciera la ley de gravitación universal. Kepler puso sonido a las órbitas planetarias, transformando las frecuencias de giro planetarias, reduciendo las octavas a las notas correspondientes a situarlas entre 27.100 Hz y 4186,01 Hz, que se corresponden con las notas de la primera nota “la” y la última nota “do” del teclado del piano de 88 registros.

Galileo describió el desplazamiento en función del tiempo de una bola discurriendo por un plano inclinado y empleó su intuición musical para establecer intervalos de tiempo idénticos. Así pudo deducir que el espacio recorrido es proporcional al cuadrado del tiempo trascurrido. Estableció el concepto de aceleración y concretó la observación como recurso para descubrir las leyes naturales. Agregó al enunciado de Pitágoras de que detrás de los fenómenos de la Naturaleza, hay leyes que los rigen, el que la fórmula para identificar esas leyes es el experimento y las matemáticas permiten describirlos. Pudo estar algo de música tras su experimentación, aunque pudo no ser decisiva. En todo caso, la aceleración establece un ritmo, de indudable sesgo musical.

Oros ámbitos de la Ciencia han sido escenarios en los que la música ha jugado un papel ambientador. Nowlands, fue el primero que organizó los elementos de la Tabla Periódica estableciendo la “Ley de las Octavas” que los agrupaba según su masa atómica, aunque no llegó muy lejos, porque no era un principio organizador de alcance. Posteriormente, Mendeleyev propuso la organización que hoy está en vigor, partiendo de su masa atómica, su configuración de electrones y sus propiedades químicas. Se atrevió a dejar espacios en blanco, al creer que debía haber una cierta cantidad de elementos superior a la conocida en aquel momento. El análisis de Fourier y los armónicos esféricos guardan en su intimidad la referencia a la armonía encerrada en la formulación mecanocuántica del átomo y de las moléculas y ha sido una herramienta fundamental para analizar las variaciones del fondo cósmico de microondas.

Finalmente, en Stephon Alexander, profesor de física en la Universidad Brown y ganador del American Physical Society Bouchet Award en 2013, tenemos un ejemplo de lo que puede representar la música para un investigador de primer nivel. Alexander es autor del libro The Jazz of Physics (El jazz de la física), en el que analiza con distintos enfoques y desde diversos puntos de vista el vínculo entre la música y la estructura del universo. Nos ofrece una fascinante clave para comprender algunos de los enigmas de la física y la cosmología contemporáneas. Tomando en serio la antigua analogía de que, según Pitágoras o Kepler, el universo esconde proporciones armónicas, emplea las nociones de ritmo, armonía, proporción, tonalidad o improvisación para llevarnos desde los inicios del universo hasta la expansión cósmica. La moderna teoría de cuerdas habla de un mundo de subpartículas en continua vibración y los astrónomos sospechan que el macrocosmos se expande y se contrae en ciclos que recuerdan estructuras musicales. Todo un alarde en el que la música es el “ruido de fondo”. Muy recomendable un texto que nos conecta con las intimidades más subyugantes del Cosmos en el que vivimos.

La música inspira y subtiende la armonía, también entre la forma de pensar y la manera en que funciona el mundo, como diría Carl Sagan. Las metáforas y las analogías son muy valiosas. Sin duda.