Columnas

null El ingenioso aditivo con efecto imprevisto

Algunos productos químicos cambian el color de la disolución que los contiene cuando ésta pasa de ser ácida a básica o viceversa, y se emplean como indicadores acido-base. Uno de ellos, muy habitual en los laboratorios, es la fenolftaleína, producto orgánico cuyas disoluciones son incoloras (medio ácido) o rojas (medio básico), sintetizado por primera vez por von Baeyer en 1871 en el contexto de sus estudios sobre colorantes sintéticos. La fenolftaleína no presentó las características como colorante que von Baeyer buscaba, pero pronto manifestó una imprevista propiedad descubierta accidentalmente.

A principios del siglo XX, la cosecha de uva en Hungría fue muy escasa, por lo que los vinos de esta procedencia subieron mucho de precio. La picaresca humana, siempre atenta, llevó a los desaprensivos a importar vinos baratos de otros lugares y a venderlos como los escasos y costosos vinos húngaros. Algún químico, cuyo nombre no ha quedado registrado, debía estar al tanto de la mencionada propiedad y sugirió una ingeniosa solución para identificar los vinos fraudulentos. La cuestión era tan simple como adicionar a los vinos de procedencia húngara una pequeña cantidad de fenolftaleína. Esta práctica secreta no alteraba ni el sabor ni el color del producto debido a su carácter ligeramente ácido. Para revelar si el vino era fraudulento, bastaba con tomar un poco de líquido y añadir unas gotas de una disolución de sosa. La aparición del color intenso del indicador garantizaba que el producto era legítimo. Si el color no aparecía se ponía de manifiesto el fraude. Buena sugerencia, pero con un inesperado resultado, pues al poco se observó que quien tomaba el vino con el aditivo sufría una rápida y duradera diarrea. Esto es, se demostró que la fenolftaleína era un laxante eficaz y, como tal, fue de inmediato usado. Era fácil de administrar, podía mezclarse con alimentos como por ejemplo una barrita de chocolate y se utilizó durante décadas.  A finales del pasado siglo, los estudios científicos revelaron que el indicador podía ser un agente cancerígeno. Aunque el efecto maligno se manifestaba cuando se administraba a roedores en dosis mucho mayores que las empleadas para el efecto laxante en seres humanos, se abandonó su empleo sustituyéndolo por otros compuestos.

        La curiosa historia de la fenolftaleína demuestra, una vez más, que los estudios y ensayos previos al empleo de los productos químicos como medicamentos o aditivos, tienen que ser exhaustivos y muy rigurosos pues son la base de la imprescindible garantía para los ciudadanos.