Pensándolo bien...

null CÓDICE FLORENTINO Y CIENCIA

El Códice Florentino, conocido también como Historia general de las cosas de Nueva España, es mucho más que una crónica sobre los pueblos indígenas del México del siglo XVI, accesible digitalizado en https://florentinecodex.getty.edu/es Contemplado desde la historia de la ciencia, constituye un extraordinario depósito de conocimientos sobre la naturaleza, el cuerpo humano, las enfermedades, las plantas, los animales, los minerales, los astros y las relaciones entre los seres humanos y su ambiente. No podemos calificarlo simplemente como un tratado científico en el sentido moderno, porque fue elaborado en una época anterior al nacimiento de buena parte de la metodología científica contemporánea y porque en la cultura nahua conocimiento empírico, religión, cosmología y práctica ritual aparecían frecuentemente entrelazados. Sin embargo, contiene una cantidad excepcional de lo que hoy denominaríamos conocimiento empírico, etnobiología, etnobotánica, etnomedicina, zoología, astronomía y ciencia ambiental.

El códice fue resultado de una empresa colectiva dirigida por el franciscano Bernardino de Sahagún, pero sería incorrecto considerarlo exclusivamente obra suya. Participaron ancianos conocedores de la tradición, médicos indígenas, informantes nahuas, antiguos alumnos del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, escribanos y pintores. La versión final dispone textos en náhuatl y castellano, acompañados por un extraordinario conjunto de imágenes. El proyecto digital del Getty describe el manuscrito como una colaboración entre Sahagún y ancianos, autores y artistas nahuas y contabiliza cerca de 2.500 imágenes pintadas a mano.

Lo primero que resulta sorprendentemente próximo a la ciencia no es siquiera el contenido, sino el procedimiento empleado para obtener la información. Sahagún preparó cuestionarios o «minutas», interrogó sistemáticamente a informantes considerados expertos, recurrió al náhuatl como lengua de investigación y contó con colaboradores indígenas capaces de transformar los testimonios orales en textos escritos. Miguel León-Portilla destacó además que la información se sometía a revisiones y contrastes sucesivos, llegando a hablar de un examen «a triple cedazo». Naturalmente, no estamos ante el método experimental contemporáneo, pero sí ante una voluntad explícita de recoger, organizar, contrastar y clasificar información.

Esta característica convierte al Códice Florentino en un antecedente extraordinario de la investigación etnográfica. El conocimiento no procede únicamente de lo que Sahagún observaba, sino que se pregunta a quienes poseen experiencia específica. La información médica se consulta con médicos indígenas; la relativa a las tradiciones se obtiene de ancianos y sabios; los términos se conservan frecuentemente en náhuatl para evitar perder su significado original. La ciencia aparece aquí como conocimiento colectivo acumulado durante generaciones.


                                      Imagen creada con ayuda de Chap GPT con DALL-E

La gran historia natural del Libro XI

El contenido más inequívocamente relacionado con las ciencias naturales aparece en el Libro XI, dedicado a «las cosas naturales». Se trata del libro más extenso del Códice y describe animales, plantas, minerales y numerosos elementos del medio natural. La Biblioteca del Congreso destaca precisamente su importancia para conocer la utilización mesoamericana de los recursos naturales antes y durante el contacto con los europeos. Estamos, en cierto modo, ante una enciclopedia de historia natural mesoamericana.

Las plantas no interesan solamente por su apariencia. Interesan por dónde crecen, qué propiedades tienen y para qué pueden emplearse. Algunas son alimentos; otras proporcionan materiales, colores o sustancias medicinales. Desde nuestra terminología actual, esto aproxima determinadas secciones del códice a la botánica económica, la etnobotánica y la farmacognosia.

Algo semejante sucede con los animales. No se limitan a aparecer dibujados. Son denominados, caracterizados y relacionados con comportamientos, ambientes y usos. El estudio moderno del Libro XI ha mostrado además que detrás de estas descripciones existe una forma indígena de ordenar la diversidad biológica que no coincide necesariamente con las categorías zoológicas europeas. Por ello se ha hablado de la confrontación o coexistencia de dos sistemas taxonómicos, el nahua y el europeo.

Esto tiene enorme importancia epistemológica. Clasificar la naturaleza no significa necesariamente hacerlo mediante género y especie, como ocurriría después con Linneo. Una cultura puede agrupar organismos según su aspecto, comportamiento, utilidad, hábitat o relaciones con otros seres. El Códice Florentino conserva precisamente testimonios de esa manera diferente de estructurar intelectualmente el mundo vivo.

Medicina y farmacología

Otro componente científico fundamental es la medicina. En el Libro X aparecen referencias al cuerpo, las enfermedades y sus remedios, mientras que el Libro XI incluye plantas y sustancias de interés terapéutico. Sahagún contó para estos asuntos con médicos indígenas especializados. León-Portilla llegó a caracterizar parte de esta información como una especie de farmacología prehispánica.

Los conocimientos médicos nahuas combinaban elementos que hoy separaríamos en categorías diferentes. Había observación de síntomas, empleo de plantas, preparación de sustancias y experiencia terapéutica, pero también explicaciones religiosas o rituales de determinadas enfermedades. No sería correcto convertir retrospectivamente a estos médicos en médicos modernos. Sin embargo, tampoco sería correcto considerar todos sus tratamientos como mera magia. Entre ambos extremos existía un importante patrimonio de conocimiento empírico obtenido mediante generaciones de observación y experiencia.

Desde la investigación actual, el interés es evidente. Cuando una determinada especie vegetal aparece asociada reiteradamente al tratamiento de una afección, el dato constituye una pista histórica y etnofarmacológica. No demuestra por sí mismo que exista eficacia farmacológica, porque ésta requiere análisis químicos, experimentos y ensayos adecuados, pero puede orientar investigaciones posteriores.

Astronomía, calendario y observación del cielo

La ciencia del Códice Florentino también mira hacia arriba. El Libro VII trata del Sol, la Luna, las estrellas y otros fenómenos celestes. El propio manuscrito presenta el séptimo libro como dedicado al Sol, la Luna, las estrellas y el año.

Aquí resulta especialmente necesario evitar el anacronismo. Astronomía, calendario, religión y cosmología formaban una unidad que la ciencia occidental actual ha separado. Algunas interpretaciones tenían carácter mítico o ritual, pero detrás del sistema calendárico mesoamericano existía necesariamente una prolongada experiencia de observación de ciclos naturales y celestes.

Reconocer periodicidades significa comparar acontecimientos separados en el tiempo, conservar registros y establecer patrones. Desde esa perspectiva, existe un componente inequívocamente racional y observacional, aunque sus interpretaciones cosmológicas pertenezcan a otra concepción del mundo.

Minerales, materiales, colores y medio ambiente

El Códice también reúne información acerca de piedras, minerales, tierras, aguas, pigmentos y otros materiales naturales. Es una ciencia estrechamente vinculada a la práctica. Importa conocer qué material sirve para construir, cuál permite obtener un color, qué sustancia puede emplearse medicinalmente y dónde puede localizarse un determinado recurso.

Resulta particularmente interesante que el Libro XI reúna una cantidad enorme de representaciones naturales. El proyecto Digital Florentine Codex señala que este libro contiene por sí solo más de 1.100 elementos pictóricos, entre ellos centenares de representaciones de animales, plantas, minerales y materiales colorantes. La catalogación moderna ha permitido relacionar esas imágenes con categorías taxonómicas actuales y con información sobre ambiente, alimentación y propiedades medicinales.

Una ciencia distinta, pero reconocible

La principal enseñanza científica del Códice Florentino quizá no sea una planta medicinal concreta, una especie animal o una observación astronómica. Es algo más profundo y demuestra que la sociedad nahua poseía sistemas organizados de conocimiento de la naturaleza.

Había especialistas. Había nombres precisos. Había clasificación. Había transmisión intergeneracional. Había observación. Había experiencia acumulada. Había relaciones entre propiedades y aplicaciones prácticas. Y existía una extraordinaria capacidad lingüística para describir el mundo.

Debemos evitar dos errores opuestos. El primero sería negar cualquier contenido científico porque aparecen mitos, divinidades o prácticas rituales. Si aplicáramos ese criterio con igual severidad a la historia europea, tendríamos que eliminar buena parte de la astronomía, medicina y filosofía natural antiguas y medievales. El segundo error consistiría en afirmar que el Códice contiene ciencia moderna antes de que ésta existiera. Tampoco es así.

Lo extraordinario se encuentra precisamente entre ambos extremos. El Códice Florentino documenta un sistema de conocimientos indígenas en el que observación y experiencia convivían con una determinada visión cosmológica. Y además lo hace mediante una metodología de recopilación extraordinariamente sistemática para el siglo XVI, como entrevistas, cuestionarios, contraste entre informantes, representación gráfica, denominación precisa y organización enciclopédica.

Por eso puede considerarse no sólo uno de los grandes documentos culturales de México, sino también una fuente excepcional para la historia mundial de la ciencia. En sus páginas encontramos una forma de estudiar la naturaleza que no nació en las universidades europeas, sino en la experiencia acumulada de generaciones de pueblos mesoamericanos. El Códice Florentino nos recuerda, en definitiva, que la historia del conocimiento científico es mucho más amplia que la historia de la ciencia europea y que comprender cómo otras culturas observaron, clasificaron y utilizaron la naturaleza amplía nuestra propia idea de qué significa conocer científicamente el mundo.

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