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null Augusto Pérez-Vitoria, el Decano perdido

Durante la inauguración de la exposición sobre “La Ciencia española ante Albert Einstein y la Relatividad”, organizada el año pasado por la Academia de Ciencias de la Región de Murcia, descubrimos que en la Galería de Decanos de la Facultad de Ciencias faltaba el retrato de quien ocupó el cargo entre febrero de 1936 y marzo de 1939: Augusto Pérez-Vitoria.

Nacido en Teruel en 1908, Augusto completó su Licenciatura en Ciencias Químicas en Barcelona en 1927 y en 1931 obtuvo en Madrid el grado de Doctor con una tesis dirigida por el catedrático de Química Inorgánica, Enrique Moles. Fue sucesivamente Ayudante de clases prácticas y Auxiliar temporal por oposición en la cátedra de Moles, y becario en la sección de Química-física dirigida por su maestro en el Laboratorio de Investigaciones Físicas y en el Instituto Nacional de Física y Química (INFQ).

Completó su formación en el King’s College de Londres, entre 1932 y 1934, gracias a sendas pensiones de la JAE y de la Fundación Conde de Cartagena, hasta obtener, el 14 de enero de 1936, la cátedra de Química Inorgánica en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Murcia, de la que sería nombrado Decano en febrero de ese mismo año.

En total, antes de la guerra civil publicaría 12 trabajos de investigación en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química, Zeitschrift für Physikalische Chemie, Boletín de la Academia de Ciencias, Actas del IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada y Las Ciencias.

Pasó el verano de 1936 en la Universidad Internacional de Santander, desde octubre de 1936 hasta diciembre de 1937 fue Profesor Agregado en el INFQ en Madrid, y, a partir de enero de 1938, Secretario Técnico en la Dirección General de Pólvoras y Explosivos en Barcelona. Acompañando a Moles, en febrero de 1939 marchó al exilio en Francia, donde trabajaría en industrias químicas hasta ingresar en la UNESCO en 1950.

A Augusto no se le formó expediente de depuración en 1939 y solamente se le dio de baja en el escalafón por “abandono de destino”, probablemente gracias a que su sucesor en el decanato tras la guerra, José Loustau Gómez de Membrillera, procuró que no se le pasase factura. Hoy aprovechamos para recordar la figura de este Decano “perdido” que, en aplicación de la Ley de Amnistía, volvió a ser catedrático de la Universidad de Murcia en 1976 hasta su jubilación en 1978.