Imaginar un sólido que pueda fluir sin dejar de ser sólido suena casi como una trampa o un truco de magia. Pero ¿existen realmente? En nuestra vida cotidiana la respuesta es un rotundo no. Sin embargo, la física cuántica lleva décadas demostrando que las intuiciones funcionan muy bien a nuestra escala, pero se quedan cortas al describir la materia en condiciones extremas.