Se confirma que la luz tiene dos identidades que son imposibles de ver a la vez y una relación clara: cuanto más precisa es la determinación de la trayectoria de un fotón (confirmando su comportamiento similar al de una partícula), más se desvanecía el patrón de interferencia similar al de una onda. Los investigadores observaron que el patrón de interferencia ondulatoria se debilitaba cada vez que un átomo era empujado por un fotón que pasaba por allí. Esto confirmó que obtener información sobre la ruta del fotón borraba automáticamente sus propiedades ondulatorias.