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null Dorothy Crowfoot Hodgkin: un reconocimiento

Desde que, en 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 11 de febrero como “Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia”, esta fecha se ha consolidado como un marco ideal para visibilizar la decisiva contribución científica de las mujeres. Entre ellas, destaca Dorothy Crowfoot Hodgkin, una de las referencias fundamentales de la química del siglo XX, cuya aplicación de la cristalografía de rayos X resultó decisiva para el estudio de biomoléculas complejas y esenciales para la humanidad.

Uno de sus logros más emblemáticos fue la determinación de la estructura de la penicilina, resolviendo la controversia entre las propuestas de R. Robinson y J.W. Cornforth —quienes sugerían una estructura oxazolona-tiazolidina— y la defendida por E.B. Chain, E. Abraham y R. Woodward – defensores de una estructura beta-lactámica -. Este hallazgo permitió comprender el mecanismo de acción del antibiótico y sentó las bases para la investigación, optimización y síntesis de una amplia familia de antibióticos beta-lactámicos, que han salvado millones de vidas y revolucionado la medicina moderna.

Pero su trabajo de investigación no se detuvo ahí. Hodgkin resolvió la estructura de otras moléculas cruciales, como el colesterol, la vitamina B₁₂ —fundamental en el tratamiento de la anemia perniciosa— y la insulina, crucial para el tratamiento de la diabetes. Estos logros reflejan no solo su excelencia científica, sino también la profunda relevancia social de su trabajo.

A pesar de ser la tercera mujer en recibir el Premio Nobel de Química (1964), Hodgkin sigue siendo poco conocida fuera del ámbito académico; un reflejo de cómo la historia de la ciencia no ha dado la visibilidad apropiada a muchas mujeres científicas. Recordar su figura es inspirar a nuevas generaciones y mostrar que los avances científicos dependen del talento de todos, sin importar el género.

Más allá de su trabajo de investigación, Hodgkin fue una intelectual comprometida con su tiempo. Defensora del diálogo y la cooperación internacional, mantuvo relaciones académicas y personales notables, como la que tuvo con Margaret Thatcher, su discípula en Oxford. A pesar de sus profundas diferencias ideológicas, compartieron respeto mutuo basado en la excelencia intelectual y el reconocimiento profesional, un ejemplo especialmente valioso en contextos polarizados.

          La vida de Dorothy C. Hodgkin demuestra que la ciencia avanza gracias a la curiosidad, la perseverancia y la visión de quienes combinan talento con impacto social. Sus descubrimientos siguen salvando vidas y su legado continúa inspirando a científicos y científicas en todo el mundo.